TREN BARCELONA-NIMES-TORINO-PARMA JUNIO
Todo había ido demasiado rápido. Ahora empezaba a dudar de si había hecho lo correcto.
Un desengaño amoroso, el abandono de un trabajo que no me motivaba, el estancamiento en los estudios universitarios. Y finalmente el deseo de empezar de nuevo, y donde mejor para empezar de nuevo que en otro país.
Una vez tomada la decisión, y tras comunicarlo a amigos y familia compré el primer billete para Italia. Tenía suficientes ahorros como para establecerme durante unos meses. Eso bastaría hasta encontrar un trabajo. La elección de la ciudad sólo me hizo dudar un momento: Roma, admirada desde siempre por su historia, o Parma, con un cariño especial por su equipo de fútbol del que me consideraba un acérrimo seguidor.
Me decidí por Parma; dado que el fracaso hasta ahora se había dado en una gran ciudad como Barcelona, bien podía probar en otra más pequeña. Durante el trayecto, con parada y cambio de tren obligado en Nimes, me dio tiempo a pensar en los primeros pasos a dar. Me había informado antes de empezar sobre lo necesario para poder trabajar en otro país dentro de la UE, y ya tenía una idea de donde empezar a buscar un pisito de alquiler y un trabajo. Pero también había decidido que lo primero que haría sería darme un capricho, como un regalo de bienvenida: disfrutar de una buena comida típica de la zona, y visitar el Ennio Tardini, el estadio del Parma.
ALREDEDORES DEL TARDINI
Por un módico precio me tomé un señor banquete. Antipasto consistente en embutidos locales, con un culatello buenísimo, y un plato de pasta con queso parmesano, todo regado con un Valpolicella tinto de calidad. Había escogido una hosteria cercana al Tardini para poder ir paseando, disfrutando del sol y la ciudad, hasta el estadio. Pasé antes por la tienda del club para curiosear con el merchandising y las camisetas, y acabé por comprarme una camiseta de paseo con el escudo del equipo.
Saliendo de la tienda me encontré con el estadio. Un cosquilleo me recorrió el cuerpo. Mi afición por el Parma me venía de lejos, un capricho de joven al seguir diversos equipos de ligas extranjeras, de cuando ganó en los 90 un par de copas de la UEFA. Allí plantado, observando la forma de las gradas, recordaba nombres que me habían hecho disfrutar en los partidos vistos por TV, Zola, Buffon, Asprilla, Cannavaro, Sensini, Dino Baggio…
No me lo pensé más y me acerqué a la entrada para ver si podía acceder al interior. Una valla con caseta de vigilancia fue lo primero que encontré y le pedí al guardia si era posible visitar el estadio. Me dijo que el estadio admitía visitas dentro de media hora, pero que podía pasar a curiosear los exteriores si quería.
Di un par de vueltas para hacer tiempo antes de la visita al interior, y la verdad es que me perdí en uno de los anexos laterales. Sin preocuparme demasiado, el Tardini tampoco es tan grande, volví sobre mis pasos y fui a parar a la cafetería. Como aun tenía tiempo decidí tomar una café con leche, así que pedí, me senté en una de las mesas y esperé. Cual fue mi sorpresa cuando al poco tiempo apareció el presidente del club Ghirardi. Iba acompañado por su asistenta y discutían sobre unos documentos que ésta llevaba. Pidieron ambos un te con menta, y se sentaron en una mesa contigua a la mia (tampoco había mucho más espacio).
Por lo que pude oir, se trataba, de nuevo como no en este club, de problemas económicos. La retirada hacía años del grupo Parmalat había hecho caer al club en una crisis económica brutal. Obligado a vender a sus mejores jugadores para pagar las deudas, se acabó convirtiendo en un club de media tabla que incluso había descendido a la Serie B hacía un par de temporadas. De la gloria europea al ocaso.
Por lo visto las arcas volvían a estar vacías, y sólo disponían de dinero para realizar un par de fichajes menores. Acto seguido me enteré del problema principal.
-Sin dinero no hay entrenador; no podemos pagar ahora mismo a nadie-insistía Ghirardi- y el equipo técnico no puede ni quiere asumir el reto.
Me quedé conmocionado durante unos segundos, sin oir las siguientes frases de la conversación. Había decidido irme de casa, había escogido Parma, había llegado al estadio y por azar me encontraba con el presidente necesitado de un mánager para el equipo. Es que el destino se había confabulado para darme esta oportunidad? Yo tenía el carnet de entrenador de ligas menores; un capricho de hacía unos años que nunca había creído que usaría. Tenía conocimientos básicos de entrenamiento, pero lo más importante, siempre lo había pensado, tenía unos conocimientos de fútbol que superaban en mucho la media. Ver y jugar partidos durante los últimos años y la pasión con que sentía el deporte rey me habían llevado a comprender factores del juego que no todo el mundo era capaz de ver.
Lo vi muy claro. Por qué no?
-No tienen entrenador a dos días de empezar la pretemporada?- pregunté a la vez que me giraba hacia ellos.
-Perdone?.....no, …no tenemos-respondió Ghiradi un poco sorprendido- quién es usted?
-Me llamo Cornelius, estoy realizando la visita del estadio.
Ghirardi me me miró sin entender bien la situación. Lo había pillado con la guardia baja. Era mi oportunidad.
-Yo podría dirigir el equipo. No tengo experiencia, pero lo compenso con conocimientos y con pasión por los colores.
-Perdone, como ha dicho que se llama?-respondió Ghirardi aun sin saber bien de que iba todo.
-Cornelius, mucho gusto sr Ghirardi-dije al tiempo que le cogía la mano para saludarle. Su cara de asombro intentaba mostrar una sonrisa afable, aun intentando decidir qué tipo de gente era yo.-Si no tienen todavía entrenador yo podría coger las riendas del equipo. Se que pasan por apuros económicos, y le aseguro que yo trabajaría casi por una cama y un plato de sopa.
Ghirardi todavía estaba sin habla. Quién era este sujeto? Que quería entrenar a su Parma? Que no tenía experiencia?
Reconozco que era una situación un tanto surrealista, pero no tenía nada que perder, así que insistí.
-Oiga qué puede perder? Empieza la temporada sin técnico; cualquier contratación le costará un dinero que no tiene. Yo le ofrezco entrenar la pretemporada, y si no queda convencido pues me echa sin consecuencias y ya está. Si por el contrario le convenzo, pues bueno entonces ya hablaremos de lo que el club pueda pagarme.
-Pero…-intentó decir Ghirardi.
-Sr Ghirardi, el equipo ha tenido 5 managers en 7 temporadas; ninguno de ellos ha obtenido buenos resultado, incluso bajamos a la serie B. Todos ellos han cobrado un buen sueldo y se han llevado una indemnización cuando marcharon. Por poca experiencia que tenga, cree que yo lo puedo hacer peor? Le ofrezco mi trabajo y mi ilusión para llevar al equipo adelante. Deme un par de semanas para demostrarle que no le estoy tomando el pelo, que se lo que me traigo entre manos. Si ve que la cosa no funciona o que los resultados no pintan bien pues me echa y estará en la misma situación que ahora, no peor.
-Pero…-volvió a decir Ghirardi, aunque esta vez no continuó. Su mente estaba empezando a discurrir los pros y los contras. A pesar de su aspecto de bonachón, el presidente Ghirardi era conocido en la Serie A por haber salvado al club, gracias a su ingenio, de la casi desaparición. Que alguien se ofreciera a trabajar para solventarle un gran problema sin representarle un gasto, a pesar de la falta de experiencia, no era algo que descartara de antemano. Esto no pasaba en los clubs de fútbol normales; pero estábamos en Parma.
-En 2 semanas- insistí- el equipo puede realizar la pretemporada bajo la supervisión del equipo técnico actual; a fin de cuentas es más importante la preparación física que la táctica en estos momentos. Usted tiene 2 semanas para encontrar un técnico que cumpla sus capacidades económicas, y yo las tengo para demostrarle que ya lo tiene.
-Vamos a ver joven,..ehhhh, sr Cornelius. Sabe usted lo que está pidiendo? Entrenar a un club de la Serie A, sin experiencia, podríamos decir sin título de entrenador, con la única promesa de su trabajo y amor al club…., sólo por plantear un problema… sabe qué diría la prensa de todo esto?
-Bueno presidente, nunca he considerado que sea alguien que toma las decisiones basándose en qué dirá la prensa.-Ahí me la jugué, lo reconozco. Apelé a su estima, a su orgullo. En una frase: al no hay huevos.
Durante unos segundos que a mi me parecieron horas, Ghirardi me estuvo observando, evaluando y decidiendo si yo era un tifoso tarado que pretendía entrar gratis a ver los partidos o si era alguien que podía ayudar, dentro de mis posibilidades, al club. No os mentiré, en ningún momento me plantee la posibilidad de que saliera bien. Era una locura.
-De donde viene sr Cornelius?
-De Barcelona-contesté.
-Bonita ciudad. Y a qué ha venido a Parma? Turismo?
-Más bien a empezar de nuevo-le dije con sinceridad. Me dio la impresión de que mi respuesta no era la que esperaba.
-Quizá el Parma también deba comenzar de nuevo-dijo, y tras una pausa continuó- y qué mejor manera que de la mano de alguien que empieza. Tiene razón, aunque parezca una locura. Ni usted ni el club pierden nada por intentarlo.- Me quedé callado, sin palabras. Era posible que hubiera convencido al presidente de un club de la Serie A sin tener ningún currículum ni referencia?- Los últimos años no han pasado por aquí más que ladrones y tipos estirados que se creían los mejores entrenadores de Italia. Incluso se han fichado a jugadores “recomendados” que al final no han servido más que para vaciar la bolsa del club.
Volvió a mirarme a los ojos.
-Sr Cornelius, esto es lo que le ofrezco, y no hay negociación posible.-aguanté la respiración.-Dos semanas de trabajo con el equipo, sin contrato alguno, en el que usted tomará la dirección técnica i dirigirá los 3 primeros partidos de preparación.-Asentí con sus primeras palabras sin abrir la boca.-La preparación física correrá a cargo de los fisios actuales. Si la prensa pregunta, usred es simplemente un asesor contratado por mi personalmente hasta el momento de encontrar un técnico capacitado.
No lo podía creer; parecía que había convencido al jefe.
-Tiene usted vivienda?
-Pues..., la verdad es que todavía no. Lo primero que he hecho ha sido visitar el estadio.
-Bien. Se le asignará durante estas dos semanas la casa y el coche del anterior técnico; por suerte lo pudimos conservar a pesar de que se llevó un buen tajo en euros.-En nigún momento dejó de mirarme a los ojos, como buscando un momento de duda.-Pasadas estas 2 semanas, decidiré si está usted loco o si realmente ha caido del cielo para ayudar al club. Qué le parece?
-Que sólo puedo decir que si.-respondí de inmediato.
En pocos minutos nos habiamos estrechado la mano, su asistenta me había enseñado mi despacho y la zona de entrenamientos y me indicó que al dia siguiente a las 8 empezaba como técnico interino del equipo.
Ya sólo, dejé mi mochila en el despacho, me enfundé la camiseta que había comprado, y salí al césped del campo.
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